lunes, 18 de enero de 2016

Diré la verdad en una línea: me siento de la verga.

Aún cuando sería estúpido e inútil decir que el mundo es una mierda y todo en él es horrible; gritar a los cielos que la vida es injusta y que no queda nada más que tirarse a la cama y hacer berrinche, ésto también es inútil: a nadie le importa el berrinche que hagas y la vida, en última instancia, no va a cambiar porque hagas pucheros y grites a los cielos "¿por qué a mí? ¿Por qué me pasa esto a mí?" Al final, querido, la decisión está tomada y no habrá manera de renegar de que x o y carga te haya caído de lleno en la cabeza: una vez que la mierda de la paloma aterrizó en tu camisa, no hay modo de devolverla.

Es liberador intentar autocompadecerse: "¡pobre de mí, la vida se me hizo cachitos...!" Pero, si lo ponemos en perspectiva, la verdad siempre se hace presente: quizá a ti te está yendo mal... a otro, seguro, le está yendo mucho peor. Creo que esto me salvó de que me comiera la locura este día horrible que está finalizando. Y no por la perspectiva de una revancha imaginaria sobre un desconocido en mi imaginación; ¡nada de eso! Sino por la perspectiva realista de que no puedo ser egoísta y centrar la pena de mi situación en mí mismo. ¡No puedo ser tan corto de miras y decir "yo soy el más desgraciado de todos los mortales!"

Aún cuando la verga me esté llevando...

miércoles, 14 de mayo de 2014

HUMANO

Durante el transcurso de una vida, quien la vive, puede ver miles de millones de personas; podrá ver hombres que le gusten, mujeres que le gusten, perros que le gusten, gatos que le gusten. Podrá enamorarse de esos hombres o mujeres; y, cuando se enamore, podrá ser feliz con esos hombres o mujeres. Podrá acostar su cabeza en el hombro de quien elija; podrá reposar sus pensamientos en el pecho del otro; podrá disfrutar de los labios de quien está frente suyo; podrá tomar la mano y enlazar los dedos uno con otro, en una especie de cierre amoroso: y, de la misma forma, podrán ambos enlazar sus cuerpos al ritmo de la lluvia o de las hojas que vuelen por ahí. Y harán sombra y esa sombra albergará calor. 

Durante el transcurso de esa vida, quien la viva podrá generar recuerdos: uno tras otro... y uno al compás del otro se presentarán en su mente, más tarde, para hacerle compañía en la soledad de su casa... cuando todo lo demás muera y aquél viva. Cuando la lluvia haya acabado de caer y el agua de su cuerpo se haya evaporado; y cuando las hojas que volaban por fin hayan aterrizado en alguna parte y se hayan hecho polvo. Atesorará, entonces, en su imaginación el calor del cuerpo ya perdido y volverá en el tiempo para aspirar nuevamente el aroma que en algún punto de su historia llenó sus sentidos. Revivirá una y otra vez diálogos de otro tiempo y los plagará con palabras que le resultarán desconocidas: no vivirá de sus recuerdos sino que éstos le pertenecerán de tal modo que se conviertan en su existencia: sentirá que ellos lo conforman y, sin ellos, aquél no sería quien sea. 

¿Y el dolor? ¡También estará presente! ¡Todo cuanto tenga en ciertos puntos de su existencia se derrumbará por causa del dolor! Durante cada día se reconstruirá a partir de lo que haya aprendido el día anterior. Y ello le llevará a cambiarse no sólo una o dos veces... sino infinidad de ocasiones: a veces habrá de forjar un miembro nuevo para sustituir al que perdió en su última batalla... a veces, cuando sean días de bonanza, podrá forjar la parte de alguna armadura con la que protegerá su cuerpo. Y, recién haya terminado un combate, entrará a otro aún más peligroso. No huirá nunca, no podrá hacerlo. 

Así, al final de sus días podrá decir que es humano y encarará la luz inmaterial y sus ojos no verán nunca más.      

martes, 10 de diciembre de 2013

Ella

¿Qué pudes hacer cuando escuchas su llanto a la distancia y ella, cansada, llora por las palabras que -performativas- traducían lo que llevaba por dentro? ¿Qué puedes hacer mientras cada gota que cae y cada suspiro que pasa, toma la existencia de un acto doloroso provocado por amor y tú, solitario, sentado en una silla miserable, sólo escuchas sin saber qué hacer o qué decir? ¿Qué sientes cuando la escuchas y sientes en el pecho algo que se oprime y tu respiración se acelera y tus ojos se vuelven espejos salitrosos? 

¿Qué puedes hacer cuando sientes en tus manos y en tu propia respiración la furia grandiosa de un calor que te cubre por el sólo lloro de la persona que está a tantos kilómetros de tu mano y, a la vez, a tan poco centímetros de ti mismo: pensamiento y sentimiento que se transforman en los brazos y piernas de una mujer... en las líneas que suben y toman la figura de los hombros; en las líneas que suben hacia el cielo transformándose en el cuello y la cabeza: las dos partes necesarias que levantan hacia Dios el rostro... rostro esencia del humano. ¡Esencia de ella que me mira en la lejanía y deja salir hacia mi oído en la colina toda la sustancia de su ser!

Y yo, aquí... sentado en donde el sol sube y mira al mundo... en donde la luz desaparece primero... en donde el viento sopla y los hombres se entregan al Único... ¿yo qué puedo hacer cuando ella, solitaria, llora en la oscuridad y no puedo abrazarla mas escucho su llanto?  


miércoles, 27 de noviembre de 2013

Resulta que hay gente allá afuera viendo este blog; personas que se encuentran en Estados Unidos, México e, incluso, Rusia, quienes han entrado a este espacio, ya por error, ya por gusto. Resulta también que hay una cosa llamada "Feedspot" en donde este pedazo de mi mente tiene 26 seguidores. La verdad, no sé por qué los tiene: no posee nada de especial. 

Hace un par de días me volvieron a dar ataques de ansiedad-insomnio-pánico. Ayer mi novia me acompañó al Centro Expiatorio Nacional y, en mi más pura vuelta a mi núcleo de creencias, me confesé con un sacerdote buena onda que estaba confesando en ese momento: una vez que recibí el sacramento, me sentí aliviado y contento... me alegré con Dios, conmigo y con mi situación. Regresé con mi novia, quien estuvo esperándome en una de las bancas y le tomé la mano... nos quedamos hasta el final de la misa. Le di un beso y, aún tomados de la mano, salimos lanzándonos a la noche, a la calle y a la luz. La acompañé hasta el "metrobús" -un camión que transita en un carril confinado y atravieza varias zonas de la ciudad- que la deja a unos cuantos pasos de su casa; practicamos las "despedidas cortas"; regresé a mi casa en metro mientras rezaba el rosario; vimos los "Juegos del hambre" -aún cuando amí nada me agrada ese tipo de pelis- mientras hablábamos por Skype; dormí. 

Aún cuando la noche no fue lo mejor posible... el miedo no existió más y, la ansiedad, disminuyó al mínimo. 

domingo, 15 de septiembre de 2013

14-09-2013

¿Nunca has sentido que la historia se repite? ¡Ya sabes!: que los acontecimientos, aunque diferentes, todos tienen una secuencia que te encierra en una inmensidad argumental plana y similar donde un paradigma rige y todos los demás actos siguen su ejemplo. ¿Lo has sentido? Te lo pregunto porque ahora mismo me encuentro en una situación así. 

No te quiero aburrir con los detalles de eso; así que pasemos a lo bueno: el clima. Ha estado bastante raro: la lluvia hace que todo esté fresco; las nubes, por otra parte, hacen que todo esté gris; el agua de la lluvia, en cambio, hace que la piel se enfríe ricamente; el extraño aire que levanta hace que los pulmones se llenen y el cuerpo se sienta libre. ¡Cuántas excusas poéticas para un mismo final: el día es triste!

domingo, 18 de agosto de 2013

Hay una emoción familiar en todos los hombres que pisamos alguna vez la tierra: "no sirves para nada". Esa es una de las frases que se han convertido en lugares comunes dentro de las excusas de los drama queen y la gente indescente. Sin embargo, pese a ser lugares comunes, son tales porque conviven eternamente con el espíritu humano: todos se sienten inútiles no sólo una vez en su vida. ¿Me siento inútil?: sí. ¿Hago algo para afrontar tal situación?: no. ¿Puedo hacer algo?: no.

Si algo he descubierto, quizá en el más recóndito fuero personal, es: el que se siente inútil, lo siente porque antes tuvo sueños a los que nunca pudo aspirar. ¡Nadie se siente inútil sino aquél descontento con todo cuanto le rodea y, por x o y razón, no puede cambiar! ¡Por supuesto que hay excepciones y, algunos, se sienten inútiles porque eso es lo que son!

¿Yo soy de los unos o de los otros? Creo que soy tanto de los primero como de los segundos. ¡Sí, en serio! Soy de los primeros porque en varios momentos han aparecido a mis ojos muchas cosas que me gustaría cumplir o tener; y, al no contar ya con los medios, ya con la posibilidad de sacarlos del reino de la imaginación, luego, el desencanto acude al encantamiento de la letanía perdedoresca. Y, por otra parte, soy de los segundos porque, en el más natural de los estados; en el más puro de mis pensamientos conmigo mismo, me he descubierto poco apto y, en otros casos, completamente inadecuado para alguna meta que atraviesa por la loca imaginación en mi casa.

"Hay que tener sueños, sí; y, aún teniéndolos, hay que ser lo suficientemente honesto para darse cuenta de cuando uno apunta muy alto: más allá de las propias posibilidades."

jueves, 15 de agosto de 2013

Si soy sincero, debo de decir que no escribo como antes. Creo que pasar los días enteros detrás de una pantalla hacen que, o el cerebro se seque, o simplemente olvides lo que aprendiste hasta el momento sobre ortografía, sintaxis, literatura y demás artes propias de los hombres educados y cultos.

Junto con los conocimientos de la técnica, puedo asegurar que también los que son propios de la inventiva y la imaginación se van por el drenaje. Para probar lo anterior me remito a la experiencia: algunas veces me encuentro esforzándome por inventar algo; ya saben, crear una historia, componer una metáfora, armar una alegoría; y, al final, me quedo con la cabeza en blanco. Tan simple como en este instante: ya no tengo nada más qué decir.

lunes, 8 de julio de 2013

08-07-2013

F,

hoy fue uno de esos días en los que hice todo lo que debía de hacer y, aún así, me sentí tremendamente mal.

Poco a poco empiezo a sentir la carga moral de ser un inútil para todo; y, de hecho, un inútil confirmado: lo dicen los empleadores; lo dicen las personas que ven lo que hago y, sobre todo, lo dice mi propia salud mental. ¿Ves?, no son solamente invenciones mías.

Si te digo la verdad, estoy perdido y no tengo ni la más mínima idea de lo que haré con mi vida. No tengo ninguna ambición ni tampoco nada ni nadie que me mueva externamente.

Estoy leyendo "Agnes Grey", pero ya me aburrió. También comencé a leer la primera encíclica del papa Francisco; por otra parte, he visto muchas películas. Y, por supuesto, hoy se supone que tenía planeado ir a x desayuno-conferencia; sin embargo, resulta que eso también estaba ocupado por alguien más.

La sección dentro de "Cartelera" de la revista x que había solicitado sigue sin existir. Sabes, creo que eso se debe a que la revista x es para todos más un hobbie que un trabajo; desearía poder decir lo mismo: para mí es lo único que me mantiene ocupado y, sinceramente, estoy cansado de intentar darle una importancia que no tiene para nadie más.

Sigo, por lo tanto, sin tener un duro en la bolsa como bien podrás deducirlo. Lo que sí tengo en este instante es un tremendo dolor de cabeza.

Nos vemos F, que tu vida sea feliz. Si algo nuevo y emocionante sucede, ten por seguro que te lo contaré.

Con amor, 

E.